02 enero 2026

Búho chico en la Corchuela (Sevilla)

 El búho chico [Long-eared Owl - Asio otus] es una rapaz nocturna de tamaño medio, ampliamente distribuida por Europa y presente en gran parte de la Península Ibérica como especie residente y parcialmente migradora. En Andalucía occidental su presencia es discreta durante la época reproductora, pero se vuelve más evidente en otoño e invierno, cuando se forman dormideros comunales que concentran un número variable de individuos. Estos dormideros suelen establecerse en masas arbóreas densas, tanto en entornos naturales como periurbanos, y constituyen uno de los aspectos más característicos de la ecología invernal de la especie.

Desde el punto de vista morfológico, el búho chico presenta un cuerpo esbelto, alas largas y relativamente estrechas y una cola alargada, adaptaciones que favorecen un vuelo silencioso y eficiente durante la caza nocturna. El plumaje es críptico, dominado por tonos pardos y ocres con un marcado veteado longitudinal, lo que le proporciona un excelente camuflaje cuando permanece posado durante el día. Los penachos cefálicos, visibles en estados de alerta, no son orejas verdaderas, pero sí un rasgo distintivo que facilita su identificación en condiciones favorables. Los ojos son de color anaranjado intenso, bien adaptados a la visión en condiciones de baja luminosidad.

El comportamiento del búho chico está fuertemente ligado a la actividad nocturna. Durante el día permanece inactivo, refugiado en arbolado denso, donde adopta posturas rígidas que refuerzan su mimetismo. En época invernal, y fuera del periodo reproductor, la especie muestra una marcada tendencia al gregarismo diurno, reuniéndose en dormideros comunales que pueden mantenerse estables durante semanas o meses. Estos dormideros no implican necesariamente reproducción ni fidelidad territorial, sino que responden a factores como la disponibilidad de refugio, la protección frente a depredadores y las condiciones microclimáticas.

En este contexto, el Parque Periurbano de La Corchuela ofrece un hábitat adecuado para el establecimiento de dormideros de búho chico, especialmente por la presencia de arbolado maduro, zonas relativamente tranquilas y una matriz de espacios abiertos circundantes que pueden ser utilizados como áreas de caza. La observación de un dormidero en este tipo de entorno debe interpretarse como un uso funcional del espacio durante el periodo no reproductor, sin que ello implique necesariamente una importancia singular del enclave a escala regional para la especie.

Búho chico en la Corchuela


 La dieta del búho chico está dominada por micromamíferos, especialmente pequeños roedores, aunque puede incluir aves de pequeño tamaño y otros vertebrados en menor proporción. La caza se realiza principalmente mediante vuelos bajos y silenciosos sobre áreas abiertas, utilizando el oído como sentido principal para localizar a las presas. Este comportamiento explica su afinidad por paisajes en mosaico, donde masas arbóreas utilizadas como refugio diurno se combinan con claros, pastizales o zonas agrícolas cercanas que facilitan la obtención de alimento.

Los dormideros suelen localizarse en coníferas densas, aunque también pueden aparecer en frondosas de follaje cerrado o en alineaciones arbóreas de parques y zonas verdes. La selección del lugar parece depender más de la estructura de la vegetación que de la especie arbórea concreta. En muchos casos, la detección del dormidero se produce a partir de la acumulación de egagrópilas y excrementos bajo los árboles, así como por la observación ocasional de individuos durante las primeras o últimas horas del día.

 

Búho chico en la Corchuela

 Desde el punto de vista fenológico, estos dormideros suelen formarse a partir del otoño, coincidiendo con la llegada de individuos dispersantes o procedentes de latitudes más septentrionales, y se mantienen durante el invierno. A medida que se aproxima la primavera, el número de individuos disminuye progresivamente hasta la disolución del dormidero, cuando los búhos inician la dispersión hacia sus áreas de cría. En el suroeste peninsular, la reproducción del búho chico es escasa y localizada, lo que refuerza la idea de que muchos de los individuos observados en invierno no se reproducen en la zona.

En términos de conservación, el búho chico no se considera actualmente una especie amenazada a escala nacional, aunque sus poblaciones pueden verse afectadas por la pérdida de hábitat, la reducción de presas y las molestias en zonas de refugio diurno. Los dormideros comunales son especialmente sensibles a la perturbación reiterada, ya que el abandono del lugar puede obligar a los individuos a desplazarse a zonas menos adecuadas, con el consiguiente aumento del gasto energético.

La documentación de dormideros de búho chico en espacios periurbanos como La Corchuela aporta información relevante sobre el uso del territorio por la especie durante el periodo invernal y pone de manifiesto la importancia de mantener áreas verdes bien estructuradas incluso en entornos próximos a núcleos urbanos. No obstante, la interpretación de estas observaciones debe realizarse con cautela, evitando extrapolaciones sobre la importancia del enclave sin datos comparativos a mayor escala.

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