14 enero 2026

Pato colorado en las inmediaciones de Doñana

 El pato colorado [Red-crested Pochard – Netta rufina] es una anátida buceadora de tamaño medio, asociada preferentemente a humedales de aguas tranquilas y relativamente someras, con abundante vegetación acuática sumergida. En la Península Ibérica presenta una distribución irregular, con núcleos reproductores localizados y una presencia más amplia durante el invierno y los periodos de paso migratorio. En Andalucía occidental es una especie bien conocida en determinados humedales interiores, donde su aparición suele estar ligada a condiciones favorables de agua y alimento.

Desde el punto de vista morfológico, el pato colorado resulta inconfundible en plumaje nupcial. El macho adulto muestra una cabeza voluminosa de color anaranjado intenso, con pico rojo brillante y un contraste marcado con el pecho y el dorso oscuros y los flancos blancos. La hembra presenta una coloración más discreta, dominada por tonos pardos, con una cabeza menos contrastada y un pico más apagado, aunque mantiene la silueta robusta característica de la especie. Fuera del periodo reproductor, los machos en eclipse pueden recordar a las hembras, lo que exige una observación atenta para una correcta identificación.

Pato colorado

 

El comportamiento del pato colorado está estrechamente ligado a la alimentación mediante buceo. A diferencia de otros patos buceadores más ictiófagos, esta especie basa gran parte de su dieta en materia vegetal, especialmente en hojas, tallos y semillas de plantas acuáticas sumergidas. Este hábito trófico condiciona su preferencia por humedales con buena calidad de agua y una estructura vegetal bien desarrollada, donde puede alimentarse de forma eficiente sin necesidad de grandes profundidades.

La observación de ejemplares en las proximidades de la Dehesa de Abajo se ajusta bien a este patrón ecológico. El entorno ofrece una combinación de láminas de agua estables y zonas con vegetación acuática que pueden resultar adecuadas para la especie, al menos de manera puntual. En ausencia de datos continuados de reproducción o invernada regular, este tipo de citas deben interpretarse como presencia estacional o circunstancial, vinculada a movimientos locales o a la búsqueda de enclaves favorables en momentos concretos del ciclo anual.

Desde el punto de vista social, el pato colorado puede observarse tanto en parejas como en pequeños grupos, aunque fuera de la época de cría puede formar concentraciones más numerosas si las condiciones lo permiten. Estas agrupaciones suelen mostrarse tranquilas, con largos periodos de descanso alternados con sesiones de alimentación mediante inmersiones repetidas y relativamente prolongadas. En el agua, la especie mantiene una flotabilidad baja, característica de los patos buceadores, lo que facilita su identificación incluso a cierta distancia.

Laguna con diversidad de patos
Laguna invernal cerca de la Dehesa de Abajo (Sevilla)

 

La fenología del pato colorado en el suroeste peninsular está marcada por una notable variabilidad interanual. Las fluctuaciones en el nivel del agua, la disponibilidad de vegetación sumergida y las condiciones meteorológicas influyen de manera directa en su presencia y abundancia. Por ello, la aparición de la especie en un enclave concreto puede variar considerablemente de un año a otro, sin que ello implique necesariamente cambios estructurales en sus poblaciones a escala regional.

En términos de conservación, el pato colorado es sensible a la degradación de los humedales, especialmente a la pérdida de vegetación acuática y al deterioro de la calidad del agua. La gestión que favorece la estabilidad hídrica y la diversidad estructural del medio acuático resulta clave para su mantenimiento. Observaciones puntuales en humedales bien conservados aportan información relevante sobre el uso del territorio por la especie, siempre que se interpreten dentro de un marco amplio y sin extrapolaciones excesivas.

11 enero 2026

Águilas calzada en el Brazo del Este (Sevilla)

 El águila calzada [Booted Eagle - Hieraaetus pennatuses una rapaz diurna de tamaño medio perteneciente al grupo de las águilas verdaderas, caracterizada por la presencia de tarsos completamente emplumados y por una notable variabilidad de plumaje. En la Península Ibérica es una especie bien distribuida como reproductora, especialmente ligada a ambientes forestales mediterráneos y submediterráneos, y además constituye una de las rapaces más habituales durante los pasos migratorios a través del sur peninsular. Su presencia en España está marcada por un ciclo anual claramente definido, con movimientos migratorios transaharianos bien establecidos en la mayor parte de la población.

Morfológicamente, el águila calzada presenta una estructura compacta y relativamente ligera en comparación con otras especies del mismo grupo. Las alas son largas y estrechas, con una mano bien definida, lo que le confiere un vuelo ágil y eficiente tanto en planeo como en vuelo activo. La cola es de longitud media y ligeramente redondeada, y la cabeza aparece poco prominente en vuelo. Estas características, combinadas con un batido rápido y poco profundo, permiten distinguirla en condiciones favorables de observación, aunque la identificación puede complicarse en determinadas situaciones, especialmente cuando se trata de ejemplares de fase oscura o juveniles.

Águila calzada devorando a una presa

 

El polimorfismo de plumaje es uno de los rasgos más destacados de la especie. Existen dos morfos principales, claro y oscuro, presentes de forma estable en las poblaciones ibéricas. El morfo claro muestra partes inferiores blanquecinas o crema, con contraste acusado con las alas más oscuras, mientras que el morfo oscuro presenta un plumaje casi uniforme de tonos pardos. Los juveniles, por su parte, suelen mostrar tonalidades más cálidas y un patrón menos definido, lo que puede generar confusión con otras rapaces de tamaño similar durante el periodo de dispersión postjuvenil y el paso migratorio. Este polimorfismo no guarda relación con el sexo ni con la edad adulta, y ambos morfos participan de forma normal en la reproducción.

Desde el punto de vista etológico, el águila calzada combina el uso de térmicas para el desplazamiento y la migración con un vuelo activo y directo durante la caza. En migración, es habitual observarla ganando altura en corrientes térmicas antes de realizar desplazamientos largos, un comportamiento típico de las rapaces planeadoras. Durante la actividad trófica, alterna vuelos de prospección a baja y media altura con esperas desde posaderos elevados, lo que refleja una estrategia de caza flexible y adaptada a distintos tipos de hábitat.

Águila calzada

 

La especie presenta un comportamiento migratorio mayoritariamente transahariano. Tras la reproducción, los individuos abandonan las áreas de cría a finales del verano y comienzos del otoño, desplazándose hacia el continente africano, donde pasan el invierno en regiones subsaharianas. El retorno tiene lugar en primavera, con llegadas escalonadas a partir de finales del invierno. Durante estos movimientos, el águila calzada atraviesa amplias zonas del sur peninsular, utilizando paisajes abiertos y heterogéneos donde puede encontrar alimento y condiciones favorables para el descanso, aunque no siempre es posible determinar el grado de dependencia de enclaves concretos sin estudios específicos.

En cuanto a su ecología trófica, el águila calzada se comporta como un depredador generalista. Su dieta está compuesta principalmente por aves de pequeño y mediano tamaño y micromamíferos, aunque también puede consumir reptiles y otros vertebrados en función de la disponibilidad local. Las técnicas de caza incluyen el ataque por sorpresa desde posaderos, vuelos rasantes y persecuciones cortas, mostrando una notable capacidad de adaptación a distintos contextos ambientales. Esta plasticidad trófica explica en parte su éxito en paisajes en mosaico, incluidos aquellos modificados por la actividad humana, siempre que mantengan una estructura mínima favorable.

Águila calzada en vuelo

 

La reproducción tiene lugar en ambientes forestales, donde la especie instala el nido en árboles de porte medio o grande, generalmente dentro de masas arboladas bien conservadas. Presenta una elevada fidelidad al territorio de cría y puede reutilizar el mismo nido durante varios años. La puesta suele constar de uno o dos huevos, y el éxito reproductor depende en gran medida de la disponibilidad de presas durante el periodo de cría. Como en otras rapaces, pueden darse fenómenos de cainismo facultativo en condiciones desfavorables.

En Andalucía occidental, el águila calzada puede observarse tanto durante la temporada reproductora en áreas forestales como en migración a través de zonas abiertas y humedales. Espacios como el Paraje Natural del Brazo del Este ofrecen oportunidades de observación de la especie, especialmente durante los periodos de paso, en un contexto de alta diversidad ornitológica general. No obstante, en ausencia de estudios específicos, su utilización de este tipo de enclaves debe interpretarse como parte de un uso amplio del territorio durante la migración, y no como indicativa de una dependencia particular del área.

Águila calzada

 

Desde una perspectiva de conservación, el águila calzada mantiene en la actualidad poblaciones relativamente estables en España, aunque se enfrenta a amenazas persistentes como la pérdida y fragmentación del hábitat, las molestias en zonas de cría y los riesgos asociados a infraestructuras humanas. Su amplio rango de movimientos y su ciclo vital migratorio hacen que la conservación de la especie dependa no solo de las áreas de reproducción, sino también de la disponibilidad de hábitats adecuados a lo largo de sus rutas migratorias.

El estudio continuado del águila calzada, basado en observaciones de campo, seguimiento de poblaciones y análisis de sus movimientos, resulta fundamental para comprender su ecología y detectar posibles cambios en su comportamiento relacionados con la transformación del territorio y el contexto climático actual. En este sentido, la especie constituye un buen ejemplo de rapaz forestal con una marcada capacidad de adaptación, pero también con una dependencia clara de la conectividad entre distintos tipos de hábitat a lo largo de su ciclo anual.

02 enero 2026

Búho chico en la Corchuela (Sevilla)

 El búho chico [Long-eared Owl - Asio otus] es una rapaz nocturna de tamaño medio, ampliamente distribuida por Europa y presente en gran parte de la Península Ibérica como especie residente y parcialmente migradora. En Andalucía occidental su presencia es discreta durante la época reproductora, pero se vuelve más evidente en otoño e invierno, cuando se forman dormideros comunales que concentran un número variable de individuos. Estos dormideros suelen establecerse en masas arbóreas densas, tanto en entornos naturales como periurbanos, y constituyen uno de los aspectos más característicos de la ecología invernal de la especie.

Desde el punto de vista morfológico, el búho chico presenta un cuerpo esbelto, alas largas y relativamente estrechas y una cola alargada, adaptaciones que favorecen un vuelo silencioso y eficiente durante la caza nocturna. El plumaje es críptico, dominado por tonos pardos y ocres con un marcado veteado longitudinal, lo que le proporciona un excelente camuflaje cuando permanece posado durante el día. Los penachos cefálicos, visibles en estados de alerta, no son orejas verdaderas, pero sí un rasgo distintivo que facilita su identificación en condiciones favorables. Los ojos son de color anaranjado intenso, bien adaptados a la visión en condiciones de baja luminosidad.

El comportamiento del búho chico está fuertemente ligado a la actividad nocturna. Durante el día permanece inactivo, refugiado en arbolado denso, donde adopta posturas rígidas que refuerzan su mimetismo. En época invernal, y fuera del periodo reproductor, la especie muestra una marcada tendencia al gregarismo diurno, reuniéndose en dormideros comunales que pueden mantenerse estables durante semanas o meses. Estos dormideros no implican necesariamente reproducción ni fidelidad territorial, sino que responden a factores como la disponibilidad de refugio, la protección frente a depredadores y las condiciones microclimáticas.

En este contexto, el Parque Periurbano de La Corchuela ofrece un hábitat adecuado para el establecimiento de dormideros de búho chico, especialmente por la presencia de arbolado maduro, zonas relativamente tranquilas y una matriz de espacios abiertos circundantes que pueden ser utilizados como áreas de caza. La observación de un dormidero en este tipo de entorno debe interpretarse como un uso funcional del espacio durante el periodo no reproductor, sin que ello implique necesariamente una importancia singular del enclave a escala regional para la especie.

Búho chico en la Corchuela


 La dieta del búho chico está dominada por micromamíferos, especialmente pequeños roedores, aunque puede incluir aves de pequeño tamaño y otros vertebrados en menor proporción. La caza se realiza principalmente mediante vuelos bajos y silenciosos sobre áreas abiertas, utilizando el oído como sentido principal para localizar a las presas. Este comportamiento explica su afinidad por paisajes en mosaico, donde masas arbóreas utilizadas como refugio diurno se combinan con claros, pastizales o zonas agrícolas cercanas que facilitan la obtención de alimento.

Los dormideros suelen localizarse en coníferas densas, aunque también pueden aparecer en frondosas de follaje cerrado o en alineaciones arbóreas de parques y zonas verdes. La selección del lugar parece depender más de la estructura de la vegetación que de la especie arbórea concreta. En muchos casos, la detección del dormidero se produce a partir de la acumulación de egagrópilas y excrementos bajo los árboles, así como por la observación ocasional de individuos durante las primeras o últimas horas del día.

 

Búho chico en la Corchuela

 Desde el punto de vista fenológico, estos dormideros suelen formarse a partir del otoño, coincidiendo con la llegada de individuos dispersantes o procedentes de latitudes más septentrionales, y se mantienen durante el invierno. A medida que se aproxima la primavera, el número de individuos disminuye progresivamente hasta la disolución del dormidero, cuando los búhos inician la dispersión hacia sus áreas de cría. En el suroeste peninsular, la reproducción del búho chico es escasa y localizada, lo que refuerza la idea de que muchos de los individuos observados en invierno no se reproducen en la zona.

En términos de conservación, el búho chico no se considera actualmente una especie amenazada a escala nacional, aunque sus poblaciones pueden verse afectadas por la pérdida de hábitat, la reducción de presas y las molestias en zonas de refugio diurno. Los dormideros comunales son especialmente sensibles a la perturbación reiterada, ya que el abandono del lugar puede obligar a los individuos a desplazarse a zonas menos adecuadas, con el consiguiente aumento del gasto energético.

La documentación de dormideros de búho chico en espacios periurbanos como La Corchuela aporta información relevante sobre el uso del territorio por la especie durante el periodo invernal y pone de manifiesto la importancia de mantener áreas verdes bien estructuradas incluso en entornos próximos a núcleos urbanos. No obstante, la interpretación de estas observaciones debe realizarse con cautela, evitando extrapolaciones sobre la importancia del enclave sin datos comparativos a mayor escala.

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